Talves la pregunta no esté bien formulada a causa del pequeño espacio que se me da a la hora de poner un titulo. Asi que la pregunta sería ¿Que postura debe tomar un cristiano ante una enfermedad que esté a punto de acabar con su vida?
Al encontranos en una situación en la cual a causa de la enfermedad estemos a punto de morir, a causa del dolor y el sufrimieno que esta nos puede haber causado, el haber luchado y luchado; y al final, después de "haber intentado todo", tomar nosotros la desición o el deseo de que el Señor nos lleve a su presencia (morir físicamente). ¿Es correcta dicha desición? Pués cada quien tendrá una opinión personal, pero el señor tiene la última palabra.
Esto lo aprendí de un testimonio de una hermana llamada Rebeca Brown, la cual cuenta su historia en su libro "El vino a dar libertad a los cautivos". Les contaré brevemente lo que le sucedió:
Rebeca Brown trabajaba haciendo su internado como médico en un hospital de los Estados Unidos, el problema es que poseía una enfermedad neuromuscular desde pequeña, pero su enfermedad empeoró, así que entonces se puso bajo el cuidado de los mejores médicos del hospital. Pero a pesar de sus oraciones y el esfuerzo del médico, se dió cuenta que estaba muriendo. Por fin, en el último día de su año de internado, se puso tan mal que no pudo seguir trabajando. Consultó con varios de los especialistas que la habían tratado, quienes le dijeron que en su opinión no le quedaba mucho tiempo de vida. Le preguntaron si quería que la ingresaran en el hospital o si quería volver a su pueblo. Ella optó por regresar.
Salió de aquella ciudad y de aquel hopital pensando que jamás volvería. Rebeca se sentía apesadumbrada y agobiada.
Los próximos treinta días fueron días de agonía. La enfermedad progresó al extremo de estar tan débil que no podía caminar, y ni siquiera bajar sola de la cama. Pero en todo tuvo una total y hermosa paz. Jesús estaba al timón y eso era lo que importaba. En sus noches de desvelo a causa del intenso dolor, disfrutaba la dulce comunión con el Señor y fervientemente esperaba que pronto Él se la llevaría.
Un día, hacia el final de aquel largo mes, el pastor de su iglesia la fué a visitar. El pastor era un verdadero hombre de Dios, el no se conformaba con la certeza de que Rebeca iba a morir, y presentó el caso ante el Señor en oración. Fué ha jblar con ella y le dijo que el Señor le había revelado que su voluntad no era que muriera.
Le dijo algo así "Sé que esto puede sonar ridículo, pero creo que el señor me ha mostrado que no es Su voluntad que tú mueras", no cabe duda que tu enfermedad es causada por el enemigo.
Así que oró, no solo el pastor, sino que también muchos miembros de la iglesia ayunaron y oraron toda una semana por ella. Intercedieron por Rebeca, y le pidieron al Señor que la escudara y quebrantara el poder del enemigo.
Como a la semana, una noche en que permanecía en su cama al borde de la inconsciencia, el Señor puso en su mente algo que había leído en un libro de Watchman Nee:
"A menos que un cristiano entienda claramente que su trabajo ha terminado y que ya el Señor no requiere que permanezca aquí, debe resistir a la muerte por todos los medios. Si los síntomas de la muerte aparecen en su cuerpo antes de que su labor haya terminado, definitivamente debe resistir a la muerte y sus síntomas.
Aceptar simplemente -- por el ambiente, la condición física y las emociones -- que nuestro tiempo ha llegado es un error de nuestra parte; mejor busquemos una indicación definitiva del Señor. Como vivimos para El, debemos morir para El. Cualquier llamada a partir que no proceda del Señor debe ser resistida.
Para vencer la muerte, los creyentes deben de pasar de una actitud de sumisión a una actitud de resistencia. A menos que nos despojemos de nuestra pasividad no podremos derrotar a la muerte. Ella se burlará de nosotros y finalmente se producirá un inoportuno fin. Muchos santos en día confunden la pasividad con la fé. Razonan que lo han puesto todo en las manos de Dios. Si no tienen que morir, El los salvará; si tienen que morir, sin duda permitirá que mueran: Hágase la voluntad de Dios. Suena correcto, pero ¿es eso fé? NO. Es simplemente pasividad peresoza. Cuando no sabemos cuál es la voluntad de Dios, es correcto decir: "No se haga mi voluntad sino la tuya" (Lucas 22:42). Esto no quiere decir que no tengamos que orar específicamente, dejando que nuestras peticiones sean conocidas de Dios. No debemos someternos pasivamente a la muerte, porque Dios nos ordena actuar en correlación con Su voluntad. A menos que sepamos definitivamente que Dios quiere que muramos, no debemos permitir pasivamente que la muerte nos subyugue. Más bien debemos cooperar activamente con la voluntad de Dios resistiéndola. ¿Por qué debemos adoptar una actitud así? La Biblia trata a la muerte como nuestra enemiga. (1 Co. 15:26)"
Amedida que el Señor traía a su memoria aquel pasaje, el Espiritu Santo le dio que no era la voluntad del Padre que muriera, pues todavía tenía mucho que hacer. Debía levantarse, resistir al enemigo (Satanás), rechazar la enfermedad y la muerte. Le costó un poco hacerlo, porque en lo más íntimo de su corazón no quería vivir. No deseaba seguir luchando, sino ir al cielo con el Señor y disfrutar la paz y el gozo que allí le esperaban. Pero la quieta y suave voz del Espíritu Santo fué insistente.
Al fin, con muchas lágrimas, se irguió sobre "La Roca" , comenzó a reprender al enemigo (Satanás) y a ordenarle en el nombre de Jesús que se fuera, que no iba a seguir aceptando la enfermedad que había enviado contra ella, y que no iba a aceptar la muerte. Más tarde el Señor le reveló que la única razón por la que se había manifestado aquella noche para que se levantara y luchara contra la muerte, había sido la poderosa interseción del pastor y la gente de la iglesia.
La enfermedad le había dañado tanto los músculos que tardó tres meses en recuperarse. Pero el Señor la levantó y la sanó completamente.


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